sábado, 13 de agosto de 2016

Pregón de las fiestas de Monleras 2016 pronunciado por José Lorenzo Delgado Vicente

Buenas noches, paisanos y amigos de Monleras:
                Salud para todas y para todos; para los de aquí,  y para los de fuera, aunque en Monleras nadie es forastero (una vez  pasado por el Pilón).
        Os confieso que cuando Ángel me ofreció dar el pregón,  en primer lugar me entró la duda sobre si daros el pregón o un sermón de fiestas. He preferido el primero pero por si acaso vengo preparado.
                También le pregunté a Angel que qué tipo de pregón quería, y ahí sí que su ayuda fue inestimable:
- “! Tu mismo, a mi me gusta que me sorprendan!”
                (Desde mi experiencia  os digo que este hará carrera política. En un sólo movimiento se saca el muerto de encima y pone la pelota en mi tejado)
                Y quise que este fuera  un pregón digno del mismísimo IV centenario de la muerte de Cervantes que este año celebramos,  y ya que desgraciadamente no lo será por su calidad literaria, al menos  he decidido compartir con tan ilustre escritor la inutilidad de una mano.
(Bueno, al menos es la derecha que bastantes veces me han llamado inútil de izquierdas).
Decía Tierno Galván que los pregones tenían que ser como las minifaldas: CORTOS y que ENSEÑEN mucho. Pues me da la impresión que el mío ni lo uno ni lo otro, llevo ya 2 minutos y no he dicho nada.
                No sé si ser pregonero es un cargo o una carga. Solo sé, que para mí es un verdadero privilegio, y que sería una ingratitud por mi parte negar mi colaboración cuando esta se me pide.
 (Por  cierto que no he preguntado aún cuanto se cobra.)
 Gracias a cuantos seáis culpables de haber  tomado esta decisión de ofrecerme la oportunidad de pregonar a viva voz y a la antigua usanza las fiestas de este año.
Y a vosotros, monlerienses, gracias también por ser  quienes sois, mis paisanos  y mis amigos.
Y aquí estoy para lo que se os ofrezca, desinteresadamente; no cómo los  bancos que nos prestan  un paraguas cuando sale el sol y nos lo reclaman  cuando llueve.
                 Y dejarme que me presente: soy Jose.
 Sí,  JOSE GURULLO, el hijo de Pedro y Angelines,     el nieto del Sr. Víctor, la Sra. Ángela y la Sra. Obdulia,  y también de Juan aunque no lo llegara a conocer.
Por cierto, quien hace cien años  emigró de su tierra, como hoy hacen nuestros jóvenes, primero a Argentina y después, un poquito más cerca, a Berganciano; y que por desgracia cuando tenía cumplido su sueño de volver a Monleras falleció aquel mismo año. En fin, que los gurullos hicimos nuestra operación retorno en el verano del 46.
                Para más parientes y ascendientes consultar el libro de mi tío Celedonio, por el que nos hemos enterado de lo que ya sospechábamos, que todos aquí somos familia y que andamos más enredaos que una telenovela.
 Y soy Gurullo como también soy Peñalvo, que como cualquiera de vosotros en esto de los motes andamos sobrados. Ganados  y heredados por los siglos de los siglos.
Y para más señas y abundamientos casado con Chelo,  la de Cristobal y Chon, hoy justamente hace 27 años, con lo cual allegado de familia a los González de la Arrabal, y a todos los Del Arco rama Olegario.
Vale y para los jóvenes, el padre de Víctor.
Y A ESTE PUEBLO SIN NACER EN ÉL PUEDO CONSIDERARLO COMO UNA DE MIS  PATRIAS, no porque los de Monleras nazcamos donde queramos como los de Bilbao, sino porque he querido que esta sea mi tierra, y  como decía GARCÍA PAVÓN, "no hay tierra buena ni mala,  tierra no hay más que la de uno".
Monleras no es mejor ni peor que otras, pero sí tiene algo que la hace peculiar: “Es la nuestra”.
Y mis primeros recuerdos de este pueblo comienzan en blanco en negro, ¡coño! en aquellos tiempos es lo que había.
Y no son otros que unas fiestas del Corpus allá por el 66, comiendo todos arroz de una   misma  fuente en la casa de los Vaqueros (y cuando digo comiendo todos, digo todos: mayores, niños, mozos: Bernardino, Paco, Aníbal y María Luisa, parientes,  más parientes, algún músico e invitados de otros pueblos);  recuerdo también un partido de pelota tres contra  tres  en este frontón, y una gaseosa donde Feliciano en un mostrador bajo de madera donde los más osados sentaban sus posaderas.
Y  dos meses más tarde un verano de trilla en el Pocito, trillique de tres vueltas y “pa” casa, un burro y un botijo. Tres vueltas en el trillo o pocas más, las justas para que el cabrón  de mulo se cagara y uno no supiera poner la pala, ¡joder que rabia!
         Y guardo en el recuerdo de la niñez una casa en el barrio de los Álamos (buen barrio) donde sólo había una bombilla de 25 w que iba  y venía de habitación a alcoba y  de cocina a cernidero. Que iluminaba a ratos y otros mortecía  según tirara la trilladora. (Así oí yo la expresión de que aquí en Monleras la luz la echaban a cazos).
 Recuerdo un suelo de lanchas y  otro de barro, un techo de ramo y otro moderno de tableta, y siempre, siempre como en todas casas un amplio wáter, en la tená del corral, en la cortina o el mudadal de enfrente.
                Y las salidas a jugar a la Romera y el miedo a la poza y la Fuente Nueva, y la bandada de grajos llegando al atardecer a la Alameda. Y cómo no, los amigos: Paulino, José, Luis, mis primos Juan, Miguel, Luis, y en especial para mí, Perfecto. Cuántas tardes de vacas acompañando a su tío Ferino,  y cuántas meriendas mezcladas de nocilla, gorduras y manto.
Y a Ame, que me llevó a costillas en un impresionante esfuerzo, desde las Cruces a casa, ante el corte que me hice en el pié  con el cristal de una botella  del que aún conservo la cicatriz.
Joder, y ahora sin venir a cuento me vienen a la memoria  las idas al campo con Sócrates a recoger los lazos de los conejos. 
                 O venir en el seiscientos al pueblo, que rompía las correas un día sí y otro también, y donde  nos instalábamos cómodamente 4 de familia y una bicicleta BH.
                 Y los mandaos para hacer o los recados para comprar, al comercio, al pan, a por la leche donde el Sr. Baltasar, a por tabaco o a la farmacia de Don Paco. Porque éramos entonces un pueblo de Dones, no por los que teníamos sino por los que pronunciábamos:
“Que me ha dicho Don tal que os diga que…”, y a esconderse si veías a Don Avelino para no tener que saludarle.
Hasta que llegaba septiembre y cada mochuelo a su olivo y yo a Salamanca.
                 Uno se iba haciendo mozo y de aquellos años del 78 y después recuerdos de muchas tardes-noches madrugadas en el Centro, el Boliche, el Kun Fú, La Asociación, Trazos,  alguna obra de teatro, fiestas de otros pueblos, mucha juventud, algunas tonterías, y poco más. Y los quintos que esta vez nos quedamos en tres, Manolo, yo y Andrés, en este orden para que rimen. Para luego terminar en la mili por cosas de las prórrogas con Angel Tarallas, en lo que hoy es el Corte Inglés de Salamanca.
       y hasta aquí puedo y quiero leer, que algunas hazañas de las que después pasaron no han prescrito y habría que solicitar autorización de los implicados para contarlas.
 Poco a poco con cada venida una mejora para el  pueblo, el agua, la luz de verdad y no la del salto de Estacas,   calles asfaltadas, y mucha actividad.
 Labor de cambio y mejora amparada por esfuerzos colectivos. Con la paciencia castellana que muchos equivocadamente confunden con resignación.
Creo que se ha hecho mucho de lo que se ha podido, con aciertos para unos  y  con errores para otros, pero es que  pocas veces se guisa el cabrito a gusto de todos.
                                               Y al final en el 83, carretera y manta, como tantos otros, a trabajar fuera, echando ramas en otras tierras,  pero siempre con las raíces en Monleras, y haciéndolas notar y presumiendo de ellas, como dice mi amigo José Blanco, gallego del País Vasco, y  buen  conocedor de Monleras por los 4 años que residió en el Poblado de Iberduero de Almendra.
Y vivir y trabajar, bajando al pueblo en  cada oportunidad, en verano a descansar y en invierno con cita obligada en las matanzas.

Pero lo importante nunca es uno ni sus experiencias, lo importante es el Pueblo, ese que seguirá cuando no estemos, o cuando estemos tras las puertas de la última casa del Camino del Cementerio,  puertas a las que por cierto una tranca les vendría de fábula.

por qué  ¿QUÉ es monleras?
Y ante esta pregunta algunos, con más autoridad y conocimientos que yo, nos han dado y nos darán definiciones académicas, nos contarán historias, y esgrimirán logros, hitos y estadísticas. Gracias a todos ellos por su labor y esfuerzo.
Pero dejarme que yo os diga qué es Monleras para mí desde las cosas cotidianas, y pequeñas.
-Monleras es sobre todo  mi pueblo.
-Monleras son las siestas de agosto tapaditos con la colcha,
-Y la chaquetita que no puede olvidarse en las noches de verano.
-O esa mosca cojonera que todos nos encontramos en casa al llegar y no nos deja hasta el día de nuestra marcha. Que la ciencia dirá que viven sólo 15 o 20 días pero yo he saludado algunas de tres veranos.
-Monleras es el lugar donde te entienden si hablas de casulario, cencellada, mochar, aciburrio, fato, modorro, añusgar, saltigallo o espilongar.
 Donde un pardal es un pardal y no un gorrión, y los coches se guardan en cocheras y no en garajes. Y donde nadie te mira mal si comentas que acabas de comerte unos chochos riquísimos.
O que no tienes que explicar 3 veces lo que es candar, verbo y acción desconocida en el mundo,  como me advirtió mi compañero Belisario de Correos de Bilbao, cuando en  una instrucción interna sobre normas de seguridad pedí a los responsables de oficinas que se aseguraran de que la Caja Fuerte quedara bien candada.        
Por cierto, Belisario es de Espadaña y le gané una cena apostándole que mi abuelo y mi madre habían nacido allí. 
-Monleras es el lugar donde aún los torreznos se imponen a las barritas energéticas y el aguardiente sigue considerándose  la mejor de las bebidas isotónicas.
-Monleras son sus fiestas, con el Duo Miramar, nuestros Pimpinela particulares, y los Galgos jugando  desde hace treinta años en el partido de pelota, que debe ser la familia más numerosa y longeva de Salamanca. (Menos este año que para fastidiarme el pregón no los contratan)
-Monleras son sus Peñas de fiestas, que han dinamizado y rejuvenecido la diversión, a las que les debemos nuestro aplauso y reconocimiento.
-Monleras es uno de los pocos sitios donde aún está mejor visto cazar gamusinos y pescar tencas (y Dios me libre de haber participado yo o alguien conocido en tan irregulares  actividades)  que salir con el móvil a la captura de Pokemon, (sí, esos  bichos extraños  compañeros de los Dijimon, con nombres impronunciables y que  para joder van y dijivolucionan, es decir crecen y se ensanchan. Vamos como yo en los últimos años).
-Monleras es gastronomía.Como el cordero cantado por Molina a principios del sglo XX, el cocido, el tostón, las marujas,  los farinatos, chanfainas, perronillas, y sopas de leche.
Aquí los productos de  matanza son sagrados, el cerdo es nuestro animal de compañía, y hasta el chorizo es aceptado como producto apto para vegetarianos y veganos.
Aunque el plato más tradicional y de diario y festivos han sido siempre los canguingos y  patas de peces, que a todos  nos han ofrecido al preguntar ¿qué hay de comer?
-Monleras es su escudo, su bandera y su himno, que podríamos enseñar, ondear  y escuchar si los tuviésemos. Y que podrían acompañar a mi sobrina María  en los juegos Paralímpicos de Rio de Janeiro, dónde  os aseguro representará no sólo a España, sino también a Monleras y en especial a su Peña “El Gheto”.
-Monleras es lo que cada uno quiere que sea, para unos la tranquilidad de nuestra casa y para nuestros hijos justo lo contrario, que hay días que  ni aciertan a entrar en ella.
-Monleras es nuestro particular sistema de navegación que si lo patentáramos no indicaría derecha, izquierda o salga en la segunda salida en la rotonda. Diría: “anda macho tira paquí, vete derecho pahí y tuerce cuando llegues   pallí”.  
-Monleras  es saber que las campanas tocan y dicen más cosas con cinco tañidos, dos volteos y un repique que una conversación de Wassap.
- Monleras somos  sus gentes  con dotes adivinas, todo el día con el ”ya lo sabía yo”, “eso ya te lo dije”. O la variante de ¿Hombre, ya has venido? Cuando encuentras a alguien por las calles del pueblo.
-O los y las  agentes del S.I.A. (Servicio de Información y Acompañamiento), que da lo mismo la hora o el sitio por donde andes  o en el que estés, todo eso da igual… Tú puedes estar tranquilo porque sabes que alguien te está observando. Y al días siguiente cuando te levantes, tranquilo, no hace falta que cuentes lo que hiciste el día anterior, todo el pueblo ya estará informado.
 -Monleras es  también la gente que nos dejó, y que hoy seguro estará  de alguna forma con nosotros.Un recuerdo cariñoso para ellos y un abrazo para sus familias.
Pero permitidme que este pregón tenga durante 5 segundos un recuerdo  personal para Emilio. Y él sabe, allá dónde está, el porqué.
-Pero por encima de todo, si tuviera que escoger una imagen y un sentimiento diría que:- Monleras son los Abuelos. Los que te pellizcan los mofletes y te suenan los mocos que parecen una aspiradora. Los que te dan de comer y merendar como si se fuera a acabar el mundo o no lo volvieses a hacer en dos meses. Monleras son y sois los abuelos y abuelas que nos enseñasteis con el ejemplo que el trabajo dignifica si es honesto. Y que verano tras verano nos libráis de las colonias y los campamentos, para gozar de la primera libertad y de un cariño infinito.
Y sólo me resta para concluir dar la aprobación a estas fiestas de Agosto de 2016, y  así procedo y digo en palabras no mías, sino de Dn. Quijote:
“que viendo su contenido afirmarse puede que no contienen cosa contra la fe ni buenas costumbres, antes bien muchas de honesta recreación y apacible divertimento, mezclada de mucha filosofía moral, que los antiguos juzgaron convenientes a sus repúblicas, alentando ánimos marchitos y espíritus melancólicos. Puede pues dársele licencia para su ejecución y disfrute”.
O lo que es lo mismo:
¡Qué bebamos vino y qué lo podamos pagar! ¡Que la paella de mañana no se queme!
¡Que el cordero este en su punto y que la danza salga de la panza!
Que haga el clero la vista gorda, y permita que los mozos y mozas pequen y se diviertan.
Que sepamos que en fiestas la libertad y respeto son caras de una misma moneda, y que No es No.
 Que no se critique a quienes hacen posible las fiestas Y que cagalera coja quien ose criticar a un pregonero.
 ¡Qué del grifo del pilón salga cerveza y que si llueve, llueva jamón! Y disfrutar, que el derroche de alegría no alterará la prima de riesgo.

Y con mi amigo PATO en representación de todas las peñas, os decimos: ¡VIVA MONLERAS, VIVAN SUS FIESTAS! ¡VIVA YO! Y ¡VIVA EL ACOMPAÑAMIENTO.

jueves, 13 de agosto de 2015

Pregón de las fiestas de Monleras 2015 pronunciado por Margarita Borrego Santiago

Sr alcalde y corporación municipal. Querida familia, amigas y amigos del pueblo de Monleras.
Buenas noches, gracias por haber tenido la deferencia de acordaros de mí al darme la responsabilidad de colaborar en el inicio de las fiestas, en las que celebramos la festividad de Nta Sra de la Asunción.
Como bien dijo Ignacia el año pasado, el listón lo han puesto muy alto, tanto que yo no alcanzo a verlo.
Pero bueno, desde aquí abajo voy a tratar de transmitiros cómo he visto este pueblo tan querido para mí, desde la niñez hasta esta edad que se considera de oro.
Como ya sabéis me llamo Margarita, para más señas la sobrina del Sr. Cura, D. Avelino. Gracias a esto aterricé en este pueblo, creo que con tres años.
Supongo que en aquella época era costumbre de los sacerdotes, llevar a una hermana, en este caso mi tía Amparo, y algún sobrino, que fui yo, de lo cual me alegro, aunque en aquel momento tan pequeña (……) no lo entendía muy bien.
Cada vez que volvía de casa de mis padres, alguna lágrima me cayó, no por falta de cariño por parte de mis tíos, muy al contrario, he de decir que mi tío era una excelente persona pero muy recto, como correspondía en aquel tiempo. Esto lo pudieron comprobar sus primeros monaguillos Casiano y Manolo, que a escondidas le bebían el vino de misa.
Tuve la suerte de encontrar en Monleras, unos abuelos: el abuelo Pepe (que era de Valderrodrigo, el pueblo de mi abuela) y la abuela Sofía. Si tenía que quedarme en su casa por ausencia de mis tíos, me cuidaban Adela, Veri y Sola que es la única que me queda aquí y la quiero un montón. Tengo mucho aprecio por toda esta familia y un recuerdo muy especial para Amelia y Mari Carmen que nos han dejado este último año. Así como para todas las personas del pueblo que también se nos han ido.
Además de poder disfrutar de la familia, Monleras me regaló las amigas con las que crecí, fuimos a la escuela, jugamos, y como no, alguna vez nos peleamos. Fruto de aquella amistad de niñas, todavía hoy nos reunimos los domingos después de misa para recordar viejos tiempos.
Con Tere la de la Sra Vitoria, con 5 ó 6 años, ya hacíamos de las nuestras, por ejemplo, meternos en el regato del arrabal para hacer una poza, imitando a las señoras que lavaban. Como en aquel entonces se usaban sólo faldas, nos poníamos de agua hasta la cintura y nos tocaba ir a secarnos a casa de su abuela Eustaquia, para que no nos regañaran. No quedaríamos muy secas cuando al llegar a casa de la bronca no nos librábamos.
Otro entretenimiento con Anita Tarallas era ir a quitar huevos de las gallinas, sin la autorización pertinente, así que algún que otro responso nos cayó.
Los domingos después del Rosario, nos íbamos a buscar al burro de Anita, nos montábamos en su lomo de cinco en cinco y el primero que se montaba acababa cayendo por las orejas del burro.
Más tarde empezamos la escuela con Dña Lucinda, aunque no estuve mucho tiempo con ella. Si recuerdo que me castigó por hablar en misa y me tenía que poner a su lado para que estuviera atenta, pues ya desde pequeña me gustaba darle a la zoleta.
De tutora me puso a Fidela, que me sentaba con una tajuela a su lado para leer en la cartilla, donde aprendí mis primeras letras.
De esa época me acuerdo de Conchi y Bernarda del Sr. Segundo, Nely del Sr. Feliciano, Adelaida del Sr. Conrado. Con esta última me sentía protegida pero de pronto desaparecieron y con el tiempo me enteré que se fueron a estudiar a Salamanca.
Quedaba Concha del Sr. Julián que en las tardes de costura bordaba una especie de mantilla, siempre me quedó la duda si aquello tan laborioso se terminaría.
Cuando se trasladó Dña Lucinda apareció otra maestra, Dña Fe, que se alojaba en casa de la Sra. Regina del Sr Manolo, pero esta no tardó en irse y llegó Dña Elisa, a quien todas recordamos, sobre todo las que nos dejó sin comer por no aprender a la primera a dividir por dos cifras, como recordareis, Isidora, Josefa, Ascen, Magdalena, Isabel Calderón, Sara, Tere, Anita, Loren, Manoli, ..…. María Luisa también recordará dónde acabó su pendiente.
Por último, vino la tranquilidad, una maestra del pueblo, Dña Juliana, de quien poco pude disfrutar porque mis padres decidieron que iría al colegio de Vitigudino.
Bien que lo sentí separarme de las amigas, de la libertad del pueblo, para encerrarme en un colegio que para salir a la calle teníamos que ir en fila y vigiladas.
¡Cómo añoraba los juegos en las calles de Monleras¡ en el recreo de la escuela jugábamos al castro cuadrado, al chino, este último lo dominaban mejor las mayores: Geno, Vitoria, Pepa, Jesusa, Gene, Ana San Leòn, Mª Carmen, su sobrina Alicia, Manola, Ramona, … y disculpad a las que no he nombrado y a los jóvenes que estáis buscando en la Wikipedia qué juegos son estos.
También nos entreteníamos con la comba, cantando las canciones correspondientes, jugábamos al escondite... allí donde había más peligro era más interesante.
Y recordaba como en las tardes, al salir de la escuela, todo el mundo iba a la plaza. Aunque hiciera frío, no lo notábamos jugando, pero por la noche con el calor del brasero picaban las manos y los pies de los sabañones, los jóvenes no sabéis de qué se trata,…. ¡Afortunados vosotros!.
Avatares de la vida me llevaron a ganarme el pan a Barcelona, siempre intentando aprovechar cualquier oportunidad para volver al pueblo, del que nunca perdí el contacto, bien por las cartas de mis tíos que esperaba con ilusión donde me contaban las últimas novedades o bien porque parte de mis vacaciones las pasaba aquí.
Muchos fuimos los que por diversos motivos dejamos el pueblo pero algo tiene este pueblo que hace que mantengamos el arraigo. Digo algo en genérico, pero todos sabemos qué es: su gente, su vida, su entorno, la capacidad de poner en valor sus tradiciones,…
Me vienen ahora a la mente las miradas de asombro de los amigos en Barcelona cuando les comentamos con orgullo la cantidad de actividades que tienen lugar en mi pequeño gran pueblo de apenas unos 250 habitantes, pero con todo lo necesario para vivir cómodamente. No siempre fue así: de niñas no teníamos de nada pero lo compartíamos todo, hasta nos prestábamos un ratito el chicle.
Para mí es un orgullo ver cómo mis hijas mantienen el apego a Monleras. Algo tendrá que ver también Óscar, por si no lo conocéis, el de la tienda. Permitidme este pequeño spot publicitario.
Y qué decir de mis nietos que Julián y yo compartimos con Bernardino y Alegría. No hay mayor satisfacción para mí que verlos correr por las mismas calles en las que tuvieron lugar las vivencias que os he contado.
Bueno, ya está bien de enrollarme, Ángel mis desvelos me ha costado.
Es momento de ánimo y diversión. Hoy comienzan las fiestas del pueblo y me ha tocado a mí iniciarlas con este pregón. Estoy segura de que todos pondremos nuestro empeño para disfrutarlas con tesón.
¡¡¡Vivan las fiestas del pueblo!!!
¡¡¡Viva Ntra. Sra de la Asunción!!!
¡¡¡Viva Monleras y su gente!!!


miércoles, 13 de agosto de 2014

Pregón de las fiestas de Monleras 2014 pronunciado por Ignacia Fidalgo

Queridos vecinos y visitantes, Ángel...
Hace más de treinta veranos que celebramos estas fiestas en Monleras y han sido muchos los pregoneros y pregoneras ilustres que han puesto muy alto el listón. Ser la pregonera este año es una responsabilidad grande y sobre todo un honor.
En muy poco tiempo he tenido que “volver a este viejo sitio donde amé y amo la vida” como cantó Chavela Vargas y os aseguro que ha sido difícil poner palabras a los sentimientos.
Tengo un poco de miedo escénico delante de tanta gente. Pero esto no ha sido siempre así. Sobre los cinco años un grupo de niñas triunfábamos en el centro viejo bailando una copla que ensayábamos duramente con Hermi en el cuartel. Diría que hasta nos había puesto faldas de gitana :
En las cuevas que hay en Graná
ha venido de tierras lejanas
como reina en carroza dorá
una niña princesa gitana;
Tani se llama de nombre,
es más bonita que un sol,
no camela corona real
que camela un gitano español.
Ay Tani, Tani, mi Tani;
Ay Tani, Tani mi Ta;
Ay Tani, mi Tani morena,
gitana más buena no ha habido ni habrá
También estaban las poesías en la iglesia: a la Virgen en el mes de mayo y en la primera comunión.
La tradición actual del teatro y otros espectáculos ya viene de antiguo: dramas y sainetes representados por los actores del pueblo, y circo, cine magia y otros, celebrados en el centro viejo y en casa de Paca y Belarmino.
Las fiestas del Corpus con baile en el ejido del Arrabal, “el lejío de la Rabal” decía yo, donde ahora está el frontón, y el ofertorio, en la plaza, eran acontecimientos importantes. También lo eran los carnavales, con la Vaca Torala que toreaba Braulio con un estilo impresionante y la tía Josefa, tu abuela, Ángel, que hacía confites con “cagalitas” de oveja enharinadas para repartir a los chiquillos.
También íbamos al ofertorio al pueblo de mi padre, Salce, en Sayago, unos nueve kilómetros al otro lado del río. En burro y caballo primero y más tarde en moto, (los cuatro) por Ledesma o Fermoselle.
El río, sin el embalse entonces, era una preciosidad. En verano las madres organizaban un día de lavado general de la ropa de invierno y allá íbamos con carros, sí carros, tirados por vacas, llenos de ropa y niños. Nosotros a bañarnos y a disfrutar mientras las madres lavaban, soleaban, aclaraban, torcían… y hacían todos esos trabajos que realizan hoy las lavadoras en unos minutos.
Fui absolutamente feliz en aquella época.
Éramos sólo cinco en la quinta del 54: Celina, Eugenia, Maite Romero, Isidro el de Dolores y yo. Hace tres años conocí a una Clara que también nació aquí en ese año.
Adoraba la escuela y aprendí a leer enseguida. Corrí a anunciarle a mi abuelo Mariano que me andaba ya por la segunda cartilla y leí de corrido las dos primeras planas. A mi abuelo, que era ciego, le gustaba que yo le leyera el periódico. No fui capaz sin embargo de aprender el ritmo de “Las panaderas” que él nos enseñó y toca muy bien mi hermano, Anselmo; He probado mientras preparaba el pregón.
Todos los domingos mi abuelo iba al café con su amigo Pedro, de Berganciano y siempre pasábamos a recoger los chochos o cacahuetes que él nos compraba.
Mi tío Cándido, que era además mi padrino, incrementó mi gusto por la lectura con las biografías que me regalaba. Doña Juliana lo incrementó aún más: Todas las mañanas leíamos El Quijote y nos divertíamos de lo lindo con sus aventuras.
Hacía frío entonces en la escuela y llevábamos nuestra rejilla, una latita con lumbre, para calentarnos. En el recreo íbamos con alguna mayor a buscar agua caliente a casa de la señora Presenta para mezclar con la leche en polvo.
Yo no tenía ninguna preocupación y pocas tareas: ayudar a mi abuela Ignacia a echarle de comer a las gallinas; ir a buscar leche a casa de los tíos de Casita, Áurea y Baltasar y a casa de Perpetua y el señor Demetrio que siempre estaba con sus bromas.
A los diez años fui interna a Salamanca. Allí estaba Jovita, una teresiana de Monleras, que me introdujo en el colegio.
Todas las semanas mi madre enviaba la bolsa de ropa limpia en el coche de línea. La bolsa incluía dos o tres babis (así llamábamos a las batas) blancos, que ella lavaba en una pila con agua que tenía que sacar del pozo. No teníamos lavadora, ni siquiera agua corriente. Mis alumnos no podían comprender que en mi casa no tuvimos televisión hasta mis diecisiete o dieciocho años, lo del agua corriente les parecía cosa de la prehistoria. Mi madre tenía además un montón de duras ocupaciones.
Siempre volvía al pueblo en las vacaciones. Muchas niñas de mi edad trabajaban duramente en el campo y en casa y algunas salieron de aquí con catorce años o antes para trabajar fuera. A esa edad ya íbamos al baile que se celebraba en casa de Paca. Me pasaba muchas tardes en casa de Lázaro y Lidia con mi amiga Isabel.
Cuando fui a la Universidad coincidí con José Antonio Pascual, de Monleras, que fue mi profesor de lengua. En aquellos años José Luis Martín, también de Monleras, fue decano de la facultad de Filosofía y Letras. Yo estaba muy orgullosa de mi pueblo. Un pueblo que destacaba entre los pueblos de alrededor por el compromiso de sus habitantes y gobernantes con la educación, la cultura y la defensa y promoción del mundo rural.
A finales de 1977 me fui a Barcelona y en agosto del 78 me casé. Mis amigos de Guijuelo me han dicho que no olvide mencionar mi boda que ha sido la más sonada a la que han asistido. Hubo tres días de celebración, como se hacía antes y baile en la plaza.
No perdí el contacto con Monleras. Con esta boda entré a formar parte de la familia de Isidro García, enamorado incondicional de este pueblo al que volvió desde Barcelona para quedarse definitivamente. Con estos lazos familiares fui sobrina del tío Lorenzo, que organizaba en estas fechas una tremenda cena para celebrar su santo con todos los hermanos y sobrinos.
Mis padres y mi hermano con su mujer y sus hijas, están aquí y he seguido viniendo en las vacaciones escolares, primero acompañada de mis hijos Pablo e Ignacio y luego sin ellos. En Monleras vive mi amigo Titi, Constantino Montes, todo un personaje y echo de menos a Juanjo que nos dejó hace poco. Hemos aportado nuevos vecinos a Monleras, aunque temporales, Manuel Oca y Marga, nuestros amigos se han hecho aquí una casa. Actualmente coincido con mi amiga Mari Jose Gil que también es del pueblo y viene a pasar algunos días de vez en cuando.
A partir de ahora yo pasaré temporadas más largas en Monleras porque en septiembre empiezo mi etapa de jubilación.
Como veis he forjado parte de mi vida junto con muchos de los que estáis aquí. De aquí en adelante espero que seguiremos juntos con más o menos empuje y deseo que entre todos podamos mejorar el día a día en este pueblo que estimamos.
Disfrutad todos de las fiestas, de los reencuentros familiares y de todas las actividades programadas.
Salud y alegría
¡VIVA MONLERAS!

Ignacia Fidalgo






miércoles, 21 de agosto de 2013

Pregón de fiestas Monleras 2013 pronunciado por Agustina Rico


Buenas noches.

Desde estas gradas he escuchado unos cuantos pregones y, si mal no recuerdo, en todos, de una manera u otra, los recuerdos y vivencias del pueblo han sido la parte sustancial. La edad y la biografía personal de cada uno proporcionan distintas visiones y experiencias sobre lo mismo. En mi caso, es la visión y la experiencia de alguien que sin haber nacido aquí, siempre ha tenido un vínculo importante con Monleras, y que tiene en la memoria una sucesión de imágenes, un álbum de fotos vital, que arranca en la infancia y llega hasta hoy. Como en toda vida, hay fotos alegres y brillantes, estampas cargadas de añoranza y melancolía, y también hay algun claroscuro más doloroso. Para ordenar el caos de pensamientos, recuerdos y vivencias sobre los que armar este pregón, ha venido en mi ayuda el orden de las palabras. Así que, con agradecimiento por vuestra confianza, y con emoción aquí va mi Abecedario de Monleras.

A      ÁRBOLES .  Los que no hemos crecido en el campo, solemos decir árbol o pájaro, sin más. Si no ha mediado una afición, un interés personal o profesional, no hemos adquirido una parcela de conocimiento, porque lo que no se nombra es porque no se conoce. Tampoco sabemos leer en el cielo la hora que es, el tiempo que hará, de dónde sopla el viento, qué viento es y qué intenciones trae, ni nos sabemos orientar por las estrellas, ni tenemos claras las fases de la luna. Sé que generalizar no es justo, pero las cosas van bastante por ahí. Es fácil aprenderse los nombres de los futbolistas y las marcas de los coches pero distinguir y nombrar a los árboles y a las aves del campo requiere intención. Mientras haya pueblos se conservarán sus nombres de  un modo natural. Y si falla la memoria, nos ayudarán plafones como los que encontramos en la ruta ornitológica de Monleras.
A pesar de mis lagunas, quiero citar aquí a unos pocos de estos compañeros a cuya sombra nos hemos cobijado tantos veranos: los olmos que murieron, los chopos y los negrillos de la calle del Monte, los pinos de mi abuelo, las majestuosas encinas del Santo y el viejo hueco de la plaza, que ya es historia.

 B     BARES.  Un pueblo parece que no es pueblo sin un bar o un bar-tienda o un teleclub de aquellos que hubo. Los bares, y más ahora que no son territorio exclusivamente masculino como antiguamente, son un lugar de encuentro con amigos y vecinos y ahora -con el wifi- con el mundo.  Hace ya muchos años hubo en la Plaza un bar, que era también el baile. En el salón de Paca y Belarmino aprendí a bailar lo poco que sé. Nunca lecciones tan cortas me han dado un rédito tan largo. En las verbenas de los barrios donde vivíamos bailábamos la yenka (izquierda, izquierda, derecha, derecha, delante, detrás, un, dos, tres…) y el twist. Los mayores se arrancaban con los pasodobles y otros bailes agarrados. Gran sorpresa: en el pueblo los jóvenes sabían bailar pasodobles, rumbas, valses… y también el rock and roll. Y algunos lo hacían muy bien.
Un recuerdo para el Kung –Fú, junto al pantano, que  marcó una larga época. Y también para el Boliche y el artesanal que levantó Tino.  En tiempos más cercanos, otros bares han ido surgiendo. La mejor suerte a todos, cada uno con su parroquia, cada uno con su personalidad.
  
C      CASAS . En casa de mis abuelos paternos conocí lo que eran las casas de labradores: el enorme portal con lanchas por donde entraba un carro,  la sala y alcoba con su alcobón, el corral con cuadras, tenadas y comederos. El pajar y el gallinero, el pozo y el muladar. La fría despensa, el cernidero, el sobrao, el cuarto negro de las patatas…
El pulso de un pueblo creo que también se puede tomar por sus casas: las que se levantan y las que se caen, las abiertas y las cerradas, las vivas, las muertas y las que se quedan a medio hacer. Que alegría cuando surge una nueva, cuando alguna revive de sus cenizas y cuando las dormidas despiertan, se levantan las persianas y dentro se ve luz.

D    DESTINO. Primera ruleta de la vida: dónde caerás, con quién.. . Y luego, las opciones, la voluntad y la necesidad. El destino ha llevado y sigue llevando a los hijos del pueblo por esos mundos. En el siglo XIX i primeros del XX muchos se fueron a las Américas. Aquí hay familias con tíos y primos más menos lejanos en la Argentina y en Cuba, por decir dos de los países de destino más habitual. Después vino la emigración a Francia, a Suíza, a Bélgica y dentro de España a Madrid, a Cataluña, País Vasco y Asturias como lugares de afluencia mayoritaria.
Años después, la rueda del destino ha traído a gentes del ancho mundo entre nosotros.

E    ESCUELA. Un pueblo sin escuela es como si le cortaran las alas del futuro. La escuela es un símbolo de la igualdad de oportunidades, y más la escuela rural. Termino la E con un deseo: que haya siempre niños en el pueblo y que Monleras no conozca nunca la tristeza de una escuela cerrada.

F   FUENTES. Un signo distintivo del pueblo creo que son las fuentes, las charcas, los lavaderos, aunque algunos no son más que una sombra de lo que fueron y de aquello para ,lo que sirvieron. Entre mis recuerdos de fuentes, pozos y aguas: el miedo a los pozos sin brocal, el frescor de los cántaros y botijos y su poco de sabor a barro; el manto de verdín que se retiraba con la mano y aquella agua con ranas e insectos que se podía beber; el agua fresca con un toque a hierro que se extraía con bomba ; el perfil antiquísimo de los cigüeñales; el agua amarilla, dura y áspera, con sabor a piedras de algunos pozos, y el agua de la fuente de la plaza, que no había que beber bajo ningún concepto y que todos bebíamos … y aquí estamos.

G   GABRIEL Y GALÁN. Don José María Gabriel y Galán era un poeta muy popular por estas tierras hace ya bastantes años. A los jóvenes seguramente ni os sonará. En casa de mis abuelos había un libro suyo y en casa de mis padres también. Fue maestro y escribía en un habla entre serrana y cacereña. Como suele pasar con los poetas populares, no aparece en las antologías de los mejores, pero estos poetas  a veces tocan como nadie el corazón de la gente. Entre sus poemas, dos eran los más populares:  Mi vaquerillo , sobre un niño que cuidaba el ganado en el monte, y El deshaucio. En este último, un hombre que lo ha perdido todo jura matar al que toque la cama en que nacieron sus hijos y en que ha muerto su mujer. Quien le iba a decir a don José María que su poema volvería a estar de actualidad al cabo de un siglo.

 H    HIJOS.  Una misma inquietud sacude a pueblos y ciudades: los hijos. Y quien dice hijos, dice nietos o sobrinos. Qué será de nuestros hijos, qué mundo les espera, adónde irán a parar. Ya que hoy tengo la voz, formulo un deseo para todos - jóvenes y niños, los que están hoy aquí y los que no han venido, los presentes y los que están por llegar:  que nunca se dejen derrotar por el desánimo, que sepan levantarse de las caídas y que conozcan épocas mejores.

I    IGLESIA . La iglesia para mi es comunidad, celebración y despedida. Iglesia son las campanas, la Minerva, la misa castellana, bautizos y misas de difuntos, el coro en que siempre soy bien recibida aunque haya años que no aparezca, el campanario con cigüeñas diurnas y con lechuzas nocturnas. Y más lejos: el misal de mi abuela Aurora y el rosario en latín de mi abuela Dominica.

J    JUANJE. No es la persona en sí sino la persona como pretexto. Como excusa para reconocer la labor de las gentes que trabajan en lo que es de todos. Y más en los pueblos, que tienen que estar absolutamente en todo. En los hombres y mujeres que van más allá de la vida privada y se meten en la camisa de once varas del compromiso en lo colectivo. En estos momentos de descrédito de la política y de los políticos, en que las noticias nos llenan de indignación, se agradece la inyección de moral que nos dan las personas que siguen tirando del carro.
    
K   KILÓMETROS. Venir desde Barcelona al pueblo en mi infancia era tremendo. Recuerdo lejanamente el transbordo en Madrid, los trenes de carbonilla y el coche de línea hasta los topes. Autobuses piratas y legales. Luego tuvimos coche, así y todo venir de día era la gran kilometrada bajo el tórrido sol castellano. El ¿cuanto falta?, el ¿ya llegamos?, el … otras cosas y el calor nos obligaban a hacer no un alto en el camino sino varios. Parte buena: conocer pueblos y ciudades; visitar monasterios, castillos y bodegas.
Ahora las autovías, el aire acondicionado, la música y otros artilugios mitigan las horas. Cuando venimos, la puesta de un sol enorme e incandescente nos anuncia que ya estamos llegando.

L    LIBROS. Lo que yo he leído en Monleras… El libro es un amigo que nunca falla. Fue el que llenó muchas tardes de aquellos largos veranos sin tele en que el tiempo daba para mucho. Es el que me compañó años después, en la enfermedad de mi padre, en las largas horas del Clínico, cuando las salas de espera quedaban silenciosas.  
M    MADRES. Yo no sé si a los niños de ahora se les sigue preguntado “¿ de quién eres?”. Al llegar a Monleras, era la pregunta de rigor. Yo no atinaba a decir: de los Villarinos, de los Moscosos. Tímidamente respondía: de la señora Gaspara y del señor Nicolás,porque entonces los niños decíamos la señora tal y el señor cual a nuestros vecinos y a nuestros maestros (ya se estaba perdiendo el don y doña).  ¡Ah, de Gaspara!, era la respuesta; y aún lo es. Después fui la madre de Helena. Una señal de que en el pueblo te conocen, de que, digamos, tienes tu sitio es cuando ya no se te designa con el nombre de la familia o del mote sino cuando tú eres tú.  ¿O me equivoco?

N     NICOLÁS. Nicolás, mi padre. Para él, el pueblo era su casa y su huerto de Piedratinta, la casa de sus padres, aun en pie, historias de familia, la salida en busca de un futuro, su noviazgo y la boda con mi madre … y los amigos de juventud, a los que siempre quiso y con los que siempre se sentía feliz (Isidro, Tomás, Argimiro, Amable... también Polo, Manolo, perdonad si me dejo alguno). Con un grupito muy pequeño, empezaron estas fiestas de verano hace cuarenta años bien buenos. En una foto estamos disfrazados media docena: de tamborilero, de hippy, de cura y de abuelos de pueblo, que era lo más socorrido. Alguien conocía a un grupo que tocaba, creo que tocaron sólo una noche, y luego nos fuimos al Kung-Fú hasta las tantas. Después empezarían las vaquillas y todo lo demás… Hasta hoy.
Era un hombre serio y sólo aquí lo he visto cantar:  “Sombrero, ay mi sombrero, eres de gracia  un tesoro…”

Ñ.   ÑARROS. También llamados gambusinos. No sé qué son ni los llegué a ver, pero en una noche oscura, en los confines del pueblo, fuimos  a capturarlos un valiente grupo de cazadores. Ni era tan lejos (Valcabrero), ni era tan tarde (bueno era el tío Villarino, mi abuelo, para que llegásemos tarde), ni los cazadores éramos tal cosa (la mayoría estaban muertos de risa y los otros muertos de miedo). A los novatos y miedicas nos dejaron con un saco esperando una presa que no llegaba. Pero a la vuelta estábamos contentos de haber aguantado el tipo y haber pasado aquella inocente rito de iniciación al verano del pueblo.
 
O    OLORES.   Archivo de olores:  del café de Paca, del comercio, de las cuadras, del cereal, del jabón casero, de la lumbre y del puchero a la lumbre con patatas con pimentón, del tomillo, del paquete de chorizo que nos mandaban y de dos delicias que sólo comía en Monleras: los chochos y las moras. Pero entre todos los olores destaco uno: el de las deliciosas gorduras. Hoy se habla de texturas, de colores, de formas, de maridajes y contrastes al hablar de alimentos, yo rememoro aquel olor que me trasporta a las meriendas infantiles del verano en el pueblo. Lo estoy diciendo y las estoy oliendo.

P   PUEBLO. Casi todo el mundo tiene un pueblo en sus orígenes. Y hay quien lo tiene y no lo sabe. La idea que yo tengo de pueblo es una comunidad , no  sólo un lugar geográfico. También forman una especie de pueblo unos cuantos vecinos, las tiendas donde siempre compro, el trabajo, los grupos con que colaboro: los que, sin ser amigos-amigos, nos saludamos, nos preguntamos cómo nos va, nos echamos a faltar si no estamos  y nos hacemos algún favor.

Q      QUESO. El queso de antes era como la tierra: duro, compacto, intenso. De corteza correosa y corazón tierno; que se abría en láminas y escamas saladas y con un punto ácido i terroso. No era apto para todos los públicos. Ahora, puesto al día, sigue estando estupendo.

R      RECUERDOS. La etimología, el significado de la palabra, lo dice todo: devolver al corazón. En definitiva, recuperar lo que importa.

S        SONIDOS del pueblo. El de las campanas y sus toques: el ángelus, mediodía, a comer; la oración, a recogerse; a misa, a muerto, a fuego…  Las “voces” de los animales : los mugidos, los balidos, los cacareos, los rebuznos, los gruñidos, el zumbido, los ladridos, el piar, el croar, el canto de la cigarra y de los grillos. Y la música de las canciones : “Ya se murió el burro que acarreaba la vinagre, ya lo llevó Dios de este mundo miserable, que tururururú…” .

T   TIENDA.  Se jubilaron Braulio y Ramona . Cerraron Deme y Encarna. Hace años cerró Angelita. Los comercios más antiguos ( Rosario, Manolo) habían cerrado años atrás por jubilación. La tienda vuelve a estar abierta y  el pueblo tiene un servicio importante y otro lugar donde los vecinos del pueblo se encuentran. De entrada, en la tienda de un pueblo se dice “Buenos días”, luego se compra o se charla. Los establecimientos del pueblo (la panadería, la farmacia, el comercio, los bares, etc.) vienen a ser los lugares en que se pasa lista a los vecinos, como a los niños en la escuela: quien ha venido, quien falta, quien está enfermo… y si persiste la ausencia injustificada, por quién hay que empezar a preocuparse.

U   UNIVERSIDAD. La prestigiosa Universidad de Salamanca. No es de Monleras, pero, de algún modo, todo el mundo se siente orgulloso de ella. “El que quiera saber, que vaya a Salamanca. Lo que natura no da, Salamanca no lo presta”, dicen algunos dichos. Cuando íbamos a pasar el día a la ciudad no faltaba la visita a su fachada y el padrenuestro a la rana. Había quien lo rezaba hasta de rodillas.

V   VACAS.  ¡Que raro se me hace ver el Santo sin vacas arriba y abajo! Las vacas eran una de las presencias constantes e impactantes para los que no las “tratábamos” habitualmente.  De las vacas recuerdo algunos nombres (Jarda, Morucha…),el ordeño, las alfombras de boñigas (de moñicas) por las calles, ver parir a alguna, verlas tirar del trillo y del carro, y el miedo que me daban las huesudas mostrencas con sus larguísimos cuernos. Ir de ayudante a las vacas era una las cosas que demostraba que te habías hecho mayor. Aunque luego veías a niños mucho más pequeños llevando una tropa solos, aquellos siempre eran los de Monleras.
 
W     WIFI .  Que conecta a los pueblos con el mundo. Hay  pastores que van con el portátil, las vacas están programadas, los abuelos hablan con nietos que andan quién sabe dónde y los ven por la webcamp. Los pueblos han dejado hace mucho de estar aislados y desconectados. También, los de los pueblos ligan por internet o se apuntan a un reality.

X  Como en pasapalabra: contiene la x . TAXI. Además de la histórica furgoneta de José Ramón, muchos y variados podían ser los “taxis”o transportes que encontrabas en el pueblo: mulas y borricos, carros, camiones y camionetas, tractores y remolques. Los taxistas de los pueblos además del servicio suelen hacer un gran favor. En algunas ciudades del mundo tienen a san Jorge pintado en los coches de la guardia urbana; los taxistas de los pueblos, profesionales u ocasionales, podrían llevar la imagen del ángel custodio.
         
Y    Contiene la y, con sonido consonántico. El CAYADO, la cayada del pastor. Existe el rebaño pero el pastor va en coche o en moto. Los abuelos están cojos pero usan bastón, llevan muleta o modernos bastones de marcha. Algún cayado ves pero normalmente están gozando de la jubilación en un paragüero. Como las hoces, los yugos y las romanas: de instrumentos de trabajo a objetos de decoración.
   
Z   ZAPPING . Termino esta especie de zapping  de sensaciones, de recuerdos y de pensamientos esperando que alguna de las letras de este abecedario os haya interesado o traído algún recuerdo. Y termino con una tradición en los pregones: un viva lleno de entusiasmo y esperanza.

                                                           ¡Viva Monleras!


Agustina Rico,  12 de agosto de 2013

Pregón de las fiestas de Monleras 2012 pronunciado por Luis Rafael Ramos Pascua


Buenas noches,

Muchas gracias, Ángel, en primer lugar. Gracias también a la Comisión de Fiestas del pueblo; a mi suegro Eliseo, que es quien me aguanta y alimenta desde hace más de 6 años en León; a algunos amigos que se han desplazado desde Salamanca (Toño, Alberto, Juanma, Iván y Herminio, con sus respectivas mujeres), que realmente han venido a merendar…; y, especialmente, gracias a todos vosotros, pueblo de Monleras, del que recibo infinitamente más de lo yo nunca os podré dar.

Hace un año (te acordarás, Ángel), me invitaste a pregonar las fiestas del pueblo. También recordarás mi respuesta: “no”. Te dije que no, convencido de que todavía era muy joven para hacerlo, aparte de que hubiera gente con más merecimientos y sucedidos que contar que yo. Cuando se lo comenté a mi hermano, para que lo ratificara (mi juventud, especialmente), me dijo una frase lapidaria que no olvido: “Pero macho, si eres un carcamal de casi 50 años…”. Esta frase me hizo reflexionar, “mirar para atrás”, y que no podía negar la evidencia y reconocer mi edad. Es decir, la de mi quinta. Y entendiendo el ofrecimiento como representante de los “carcamales de 50 años”, acepté la invitación.

Aceptado el encargo (y la realidad del paso del tiempo), he de reconocer que el sentimiento de orgullo y satisfacción que tengo desde entonces es enorme por el honor que supone para mí pregonar las fiestas del lugar que ocupa la parte más importante de mi vida: Monleras. Pueblo del que todos podríamos contar anécdotas de su universalidad. Así, por ejemplo, me contaron que Yoli, en su erasmus del año pasado en Portsmouth, al hacer los papeles de residencia, cuando respondió a su casero que era de Monleras, no salió de su asombro cuando aquél le contestó: “Oh… I Know Monleras” (“Oh… yo conozco Monleras”).

Y os puedo contar otra anécdota, ésta con nombres y fechas concretas, que me sucedió el 14 de junio de 2012, hace poco más de un mes, en el acto de bienvenida al último congreso de la Sociedad Española de Medicina y Cirugía del Pie y Tobillo, que se celebró en León y que puede corroborar el entonces presidente de la Sociedad, el doctor Juan Manuel Curto Gamallo, que esta noche está aquí con nosotros. En la exhibición de lucha leonesa que se organizó y que incluyó, pues al parecer es costumbre hacerlo, una pelea entre un luchador y el presidente del congreso (que era yo), me tuve que enfrentar al luchador profesional conocido como “El Elegante de Campohermoso”. Me tuve que poner un sobrenombre y elegí, micrófono en mano, el de “El Charro de Monleras”. Tras la pelea, que terminó en tablas y de la que contaron las crónicas (El Diario de León) que “el de Monleras” había mostrado muy buenas maneras, se me acercó otro luchador y me preguntó que si yo realmente era de Monleras. Cuando le contesté que sí me respondió que él conocía el pueblo porque había estado en un campo de trabajo allí, y que le había gustado mucho. Un inesperado y sorprendente testimonio de la importancia de lo que el pueblo, Ángel, está haciendo.

Dejando atrás estas anécdotas, cuando empecé a preparar el pregón decidí combinar la palabra con imágenes, una licencia que me he concedido, saltándome el protocolo, en beneficio de la audiencia, que seguro que agradece verse retratado en las paredes del frontón. En cuanto a su contenido, teniendo en cuenta que suele referirse a la relación del pregonero con el sitio donde actúa y que, siendo así, podría estar hablando semanas enteras, voy a resumir lo que os quiero contar, leyéndolo, para que no se nos enfríe el chocolate. Antes quiero avisar que a los más jóvenes quizás les suene a “batallita de abuelo Cebolleta” y que “mi historia” puede tener otras perspectivas si fuera contada por otras personas que la vivieron desde “otro frente”. Dice así (saco el escrito y leo):


La historia que os voy a contar empezó un día de noviembre de 1962, cuatro después de que naciera Juanfran (el Camino) y pocos antes de que lo hiciera Marinieves, pues compartieron embarazo (que no embarazador) Lorenza, Doña Juliana y mi madre, además de otras que irían alumbrando a los de aquella quinta: Cefe, Lázaro, Marijose, Geli, Maribel… o a Pedro, Javi, Enrique y Celia un poco más tarde. Todos éstos, y otros que dejo en el tintero y a los que ya pido disculpas por el olvido, serán los protagonistas de esta película, nuestro propio Cuéntame, en la que me atribuyo el papel de narrador. Nuestros “mayores”, admirados maestros de nuestras trastadas, cuya historia tendrá que contar otro, y dará para muchos pregones, fueron los de la quinta de Anselmito, el Titi, Facundo, los isidros, Rosario, Santi, Lisardo, Lali... Con otra hornada entre éstos y nosotros (a la que pertenecieron José Antonio el Camino, Paco el Carolo, mi hermano, Paulino y Perfecto, Eva, Ángel, Logi, Juanje, Tito y Vicente, Pedri y Jose –los Gurullos-…) y aún otra inmediatamente por encima de la nuestra (la de Sili, Andrés, Eduardo y alguno más).



Ajenos a las dificultades propias del momento, que nuestros padres sorteaban como podían (aquéllo sí que era vivir en crisis sin saberlo), pasó para nosotros la década de los sesenta y entramos en la de los setenta, muchos recién “comulgados” y algunos emigrados del pueblo en busca de un futuro distinto.





Este fue el caso, entre otros muchos, de mi familia, que recorrería Oviedo, Alcalá de Henares y, finalmente, Salamanca, como otros, en su día, también con la mítica furgoneta de José Ramón como mudo testigo, emigraron a Bilbao, Madrid o Barcelona; lugares que, lejos de distanciarnos del pueblo, paradójicamente, nos acercaron más a él.


Y es éste buen momento para reconocer y agradecer a los que permanecieron en Monleras, como fieles guardianes de aldea gala, el sacrificio que hicieron para que el pueblo llegara a ser lo que hoy es.

Desde la distancia, mi hermano y yo vivíamos anhelando la llegada de las vacaciones de Navidad, Semana Santa y, sobre todo, de verano, para volver a nuestros orígenes. Al paraíso soñado de las libertades donde toda fantasía era realizable. De tal forma, todos los años, sin pasar por ningún viaje al extranjero, campamento, playa ni curso de inglés (así me luce el pelo con los idiomas), el primer día de las vacaciones éramos “descargados” en el pueblo, entre “los nuestros”, donde reaparecía (y sigue reapareciendo) nuestra verdadera y feliz naturaleza y personalidad.



Responsables directos de aquellos buenos recuerdos, en nuestro caso, fueron mis abuelos, en cuyas casas nos repartíamos para comer y cenar… y poco más, pues apenas las pisábamos. Cenábamos en los lares de Rosendo y comíamos en terreno “Cavila”, en casa de mi abuela María, de la que indisimuladamente salíamos con el último bocado en la boca hacia nuestro territorio del juego particular: el barrio de los Álamos, donde siempre nos esperaban prestos, normalmente riñendo entre sí, nuestros inseparables y entrañables Cefe, Pauli, Perfe y Manuel; y el capo del barrio, que tenía su domicilio donde hoy vive Francisco Manuel, el de Graci: nuestro querido señor Constantino, marido de la señora Socorro, siempre dispuesto para, cogidos entre sus piernas, darnos “el tete” (una descarga de cosquillas que nos ponía al borde de la asfixia y nos hacía, literalmente, incontinentes). Recuerdo perfectamente la tristeza que nos afligió el día de su muerte, pues era nuestro particular Chanquete.


Como éramos niños, enseguida volvimos a las andadas y retomamos las armas (nuestros espadas y arcos, con flechas que hacíamos con las varillas de los paraguas), el juego “de los palos” (una especie de escondite en los pajares del barrio, que gracias a nuestras invasiones estaban siempre bien ventilados) y otras “travesuras”, casi siempre dirigidas a los más pequeños del Barrio: a Manuel, el hermano menor de Cefe, y a los hijos de Paco y Rosa, primos míos, Juan, Ignacio y Germán, que nos respondían… a pedradas. Germán no, pues era el más pequeño y, entonces, especialmente dócil, hasta el punto de, alguna vez, dejarse inflar (sólo un poquito) con una bomba de tractor. Todavía resuena en nuestra memoria el eco de la ruidosa salida natural de aquella ventolera que se le había insuflado “contra natura”. Ni al mismísimo Gila se le hubiera ocurrido una barbaridad semejante.


Durante aquellos años se iniciaron los baños colectivos en la carretera cortada, en una especie de piscina improvisada por Don Juan con unas cuerdas para que nadie se saliera a la cuneta. Fue ésta una de sus incontables iniciativas en beneficio del pueblo. Gracias por todo, Don Juan… y descanse en paz.


¡Se agolpan tantos recuerdos en la memoria…! Nos divertía ayudar a encerrar y ordeñar las ovejas de Ovidio; echar carreras por las Cruces con el trasero al aire pintarrajeado de moras; o cuando un día mi hermano pintó en la puerta del corral de mi abuelo José Antonio la inscripción “Fort Spiderman” y la máscara del superhéroe, cosa que el abuelo, poco versado en la cultura del comic norteamericano, no entendió en absoluto y que nos valió una sonora reprimenda y la obligación de raspar la pintada con un cristal al día siguiente. ¿Y cómo olvidar la emoción depredadora que nos embargaba cuando íbamos a ranas y a pájaros (que alguna vez asamos y comimos en la Romera)?; o cuando construíamos cabañas en la espesura, entonces casi impenetrable, de la Alameda; o las algaradas contra los del Barrio de Abajo, que una vez incluyó el secuestro de Manolo, el de Valentín y Manuela, por el que, a pesar de intentarlo, no conseguimos ningún rescate.

Guardo también un grato recuerdo de nuestros juegos y partidos en la Romera; de mis primeros raquetazos en el frontón de la plaza (que hicieron de mí un campeón… efímero, hasta que llegó Roberto, el marido de Rocío, que me devolvió a la realidad); y del baile de los domingos en casa Paca, con ésta agitando el bolsillo de su faldón para cobrarnos la entrada en la oscuridad, sólo iluminada por la famosa bola de colores que colgaba del techo.





También por entonces fui monaguillo, coincidiendo con las vocaciones en este menester de Ceferino y Emilio (no el actual Don Emilio, sino, sorprendeos… ¡el del bar, el de Domi!), vocaciones inducidas todas ellas, también la mía, por la media peseta que don Avelino pagaba a sus acólitos por cada misa de diario “oficiada”, que era peseta entera los domingos. Duré solo uno, histórico, eso sí, porque fue el único, que recuerden las crónicas, que nadie del pueblo comulgó por mi descuido. Nadie me había dicho que los domingos se consagraban las formas para toda la semana y que había que acercarlas al altar ese día. Aunque seguíamos confesándonos todos los fines de semana, entre confesión y confesión ejercíamos impenitentemente como banda de Curro Jiménez, donde Cefe era El Gitano, Isidoro El Estudiante y Loren, el del maestro, El Algarrobo.



Y así fueron pasando los años, hasta que la naturaleza empezó a obrar en la condición humana, masculina, de Jose y Paulino, los cambios correspondientes a su edad. Y empezaron a desinteresarse por los palos, por las espadas y los pájaros, y a centrar su interés en las muchachas de la “lejana plaza”, enamoradas entonces del galán de la época: Camilo Sexto, con el que tuvieron que competir a brazo partido. Al rebufo de nuestros hermanos, Cefe y yo, con otros de la panda, empezamos a descarriarnos por los mismos andurriales, aunque también con más pena que gloria. Amores platónicos diríamos ahora. Mariamor, Rosa la de Cástor (y su inseparable Consuelo) y Celia, fueron algunas de nuestras primeras musas. La de horas que pasamos juntos… espiándolas, quiero decir, cuando se bañaban en El Piornal. Fue nuestro verano azul.



De aquellos años fueron también las primeras peñas y las primeras vaquillas, las interminables horas que pasábamos parloteando en el Centro viejo; los baños en el pantano (que entonces casi siempre estaba lleno); las excursiones en bici; alguna incursión en el teatro y en el folklore charro (por la insistencia de Juanje, que era el mismo dinamizador cultural que es ahora); el “Chorvas” (gallinero reconvertido en club); y un equipo de futbito que levantó pasiones, algunas favorables y otras no tanto –y no fue por estas pintas que veis…-: Simón. El equipo adversario respondía al inquietante nombre de “Los quebrantahuesos”, y en él jugaban Ángel (el alcalde), Andrés (el del maestro), Javi, Emilio, Cástor… En el nuestro, además de mi hermano, mi primo Jesús y yo, Cefe, Pauli y Perfe, con algún fichaje de última hora, como un año fue Cástor, o José Santiago, otro monlerano que lamentablemente nos dejó hace unos años y al que imagino jugando allá arriba dando patadas en las espinillas de los ángeles, pues así era su juego: noble pero contundente. Apuntaba al balón y casi siempre acertaba en las canillas, como dicen por aquí.



No tuvo nada que ver aquella rivalidad con el cubo de agua que una noche le tiramos a la incipiente pareja que formaban Andrés y Madalen (casualidad que fueran ellos, porque los tres que estábamos apostados en aquel lugar se lo íbamos a tirar al primero que pasara). Aquella trastada tuvo como consecuencia que mi bicicleta de carreras roja apareciera pocos días después colgada de la torreta de la plaza, de la que, tras varios días de “alta tensión”, fue bajada por personas más sensatas que todos nosotros: Don Juan y mi padre. También bajaron un cartelón que encima de la bici rezaba: “Por mamón”. Un título al que me había hecho merecedor con creces. De cualquier forma, y volviendo a lo de tirar cubos de agua a la gente, parece que fuera tradición familiar...


La década de los 80 fue la época de las fiestas de los pueblos y de la discoteca de Vitigudino (de la famosa Amnesia), donde cada uno hacía lo que podía… y le dejaban. No descuidábamos, no obstante, las fiestas de Monleras, donde empezó a gestarse, allá por el año 1983, un grupo cuya fama traspasó fronteras… el de los disfraces, con Pepe, el de Camila, como mi alter ego. Cefe y Pepe, Pepe y Cefe, mis mejores amigos. Y así fue como siguieron pasando los años, disfraz tras disfraz, hasta el día de hoy.


















¿Y qué fue de nosotros? Que crecimos… ¿Y qué de los demás de aquella generación?. Lo siguiente:





- Cefe, que en su día emigró a Salamanca a aprender el trabajo de carrocero de camiones, con grandes sacrificios que a menudo relato con orgullo a mis hijos, ascendió hasta la dirección de la empresa y se casó con Carmen, actual abogada, y una de sus conquistas de Ledesma, a donde también hacíamos alguna razia.


- Lázaro, al que recuerdo de niño aprendiendo el oficio en el taller de Germán, con Toño como maestro (otro al que extrañamos por su ausencia), se hizo carpintero de renombre y se casó con Rosalía, ejemplo de mujer monlerana: callada, trabajadora y de gran valía.


- Marijose, la de Eleuterio, otro producto genuino de la tierra, hizo magisterio y se casó con Paulino, actualmente conserje de la Diputación de Salamanca.


- Geli, prima carnal de mi prima Rosi y hermana de Jose, al que también quiero mencionar porque nos dejó una honda impresión su trágico fallecimiento en el transformador del arrabal (como también recientemente nos ha afectado la pérdida de Juanjo), tuvo una vida azarosa, que recondujo felizmente en el pueblo, lo que me agrada enormemente por el aprecio que le tengo.


- Enrique, que es algo más joven (aunque he querido incluirlo como representante de los de su quinta), se casaría con Sili, la hermana de Geli y, también, de Tito y Vicente, todos, aunque algunos algo mayores que nosotros, presentes en nuestra infancia.


- Maribel casó con producto importado, fruto de cuyo matrimonio es uno de los actuales motores del pueblo, encarnación del espíritu de la polilla: Fernandito. Por cierto, quiero decir que Fernandito me prometió medio euro por cada vez que le nombrara en el pregón. Como ya lo he hecho dos veces, significa, Fernando, que me debes 1 euro. Uno y medio ahora, pues ya te mentado por tercera vez. Y para que no apuestes con mayores, en esta diapositiva sale tu nombre 407 veces, lo que supone un total de 203 euros y 50 céntimos, que sumados al uno medio de antes hacen un total de 205 que me debes.



- Pedro, atlético confeso, dio rienda suelta a su potencial intelectual y emprendedor en la excelente fábrica de quesos que regenta con su mujer. Y no puedo decir nada más, a sugerencia del interfecto, porque hay algunos expedientes de entonces que pueden seguir abiertos y, lo que es peor, algunos “delitos” que no han prescrito.


- Javi, madridista de pro en aquel tiempo, se hizo electricista de gran éxito y fue otro de los “figuras” del Barrio de Abajo.


- Celia, a la que quiero de verdad, estudió biblioteconomía y emparentó con el fotógrafo oficial de Monleras… vecino de Almendra al que hemos adoptado en el Barrio de los Álamos: Alberto.


- Juanfran se hizo mecánico de todo tipo de máquinas y trabajó en la Singer, afincándose en Madrid.


- Y yo, que estudié Medicina por orden materna (esa fue mi vocación), me casé con una leonesa ya más monlerana que cazurra (la reconoceréis por el jersey de Mickey) y tuve dos hijos (Elena y Luis), de todos bien conocidos.



¿Qué nos sigue uniendo a todos? Por encima de la amistad, las mismas raíces y valores, enseñadas por nuestros padres, que a su vez aprendieron de los suyos (oigo decir que Don Valentín y Doña Lucinda tuviera buena culpa de ello): enseñanzas de Segundo y Pilar; de Lorenza y José; de Don Juan y Doña Juliana; de Ovidio y Kika; de Dolores y Honorio; de Josefa y Eleuterio; de María Josefa y José; de Erundina y Juan; de Pura y Manolo; de Vicenta y Santiago Emilio; de Manolo y Ramona; de Salvador y Teresa; y de tantos otros que dieron luz al pueblo). Valores de trabajo y esfuerzo, de sacrificio, de humildad, austeridad y respeto, que son las máximas de este pueblo; un pueblo solidario y acogedor, emprendedor y valiente, serio, a la vez que alegre y divertido, que ha imbuido los mismos valores a sus hijos y que nosotros tenemos que seguir transmitiendo a los nuestros.



Y para terminar quiero recordar a Ángel, el asesor deportivo del pueblo (al que tenemos que agradecer que cada 4 años pasee el nombre de Monleras por el mundo) y su magnífico pregón del año pasado, que terminó emulando el encendido del pebetero en las olimpiadas de Barcelona 92.


Si aquello fue espectacular, yo voy a superarlo con… un desnudo (procedo a desnudarme poco a poco…). Pero no os equivoquéis… no es sólo un desnudo físico. Es también, y es más importante, un desnudo simbólico, pues representa la doble personalidad que todos tenemos. La externa, que representa el traje del que ahora me despojo, y la interna, la que todos llevamos debajo, la natural… LA DEL MONLERANO QUE TODOS LLEVAMOS DENTRO (debajo del traje llevo la camiseta de Monleras y me pongo la gorra del pueblo).

Y para terminar, sólo me resta decir que, todos juntos, gritemos…: ¡¡VIVA HONDURAS!! Digo Viva Monleras…

Muchas gracias por todo.

Luis Rafael Ramos Pascua (un hijo del pueblo)